Se suponía que iba a ser un día normal, es más, era un día común y corriente. Aparentemente, todo marchaba bien aquel jueves de marzo de 2026. Fui a un pueblo cerca de donde vivo para acompañar a mi esposa a una consulta médica. En la recepción de la bendita clínica, todo olía divino, un ambiente limpiecito y como cinco pacientes esperando en la sala. Solo se escuchaba el ruidito del aire acondicionado y el de la pantalla donde aparecía la gente que le tocaba el turno. También había una cornetica con una voz igualita a la de Google Maps que llamaba a los pacientes.
Al lado de nosotros estaba una señora como de 70 años, bien arreglada, alta, con sus lentes y una cara de que no se le escapaba nada. Después me enteré de que se llamaba Ingrid.
De repente, aparece un zancudo de procedencia dudosa, solitario en ese sitio; un salado que tuvo la mala suerte de echarle pichón y lograr entrar en ese ambiente tan refinado. El pobre bicho apenas entró y ya la señora le puso el ojo con una mirada de rabia, de matadora. Se paró en la pared justo arriba de la doña, quien, sin pensarlo dos veces, se quitó su zapatico fino y cómodo y, con la mano derecha, le lanzó el leñazo certero.
El zancudo quedó ahí mismo muerto, tirado en el piso pulcro de la clínica.
La señora tenía una cara de satisfacción... parecía que matar bichos era su profesión. Los otros cuatro pacientes que estaban ahí se quedaron viendo los unos a los otros, como sin creer la voracidad de la doña. ¡Qué energía la de esa señora! Ella me mira con una sonrisa en la cara y suelta: "Este zancudo es peligroso, había que liquidarlo".
Por supuesto, yo le di la razón de una. No tenía ganas de llevarme un chancletazo a esa hora. ¿Quién soy yo para llevarle la contraria a esa señora a las siete de la mañana?
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Echarle pichón: Fazer um esforço, tentar algo com coragem.
Leñazo/Chancletazo: Golpes dados com um objeto ou chinelo (muito comum na cultura latina).
Salado: Alguém com má sorte.